Detectaron compuestos farmacéuticos en el agua de red de Tandil y alertan por la resistencia de las bacterias
Si bien las concentraciones son bajas, advirtieron sobre el riesgo de generar bacterias resistentes.
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Un equipo de investigación del Instituto Multidisciplinario sobre Ecosistemas y Desarrollo Sustentable (ECOSISTEMAS-UNCPBA-CIC), perteneciente a la Facultad de Ciencias Exactas de la Unicen, llevó adelante un análisis sobre la calidad del agua en Tandil. El estudio, que contó con la participación de la bióloga y docente Estefanía Paz, arrojó resultados que encienden una señal de alerta: se detectaron compuestos farmacéuticos en el agua de red. Según explicó la investigadora a El Eco, el hallazgo de estos contaminantes , aunque en bajas cantidades, resulta preocupante debido a su capacidad para generar resistencia en bacterias patógenas.
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailAl respecto, Estefanía Paz detalló la dinámica de este fenómeno y su impacto en el ecosistema local: “Así como las personas utilizan antibióticos para tratar infecciones, en el ambiente sucede algo similar. Las bacterias más sensibles mueren y sobreviven aquellas que presentan resistencia, que luego continúan multiplicándose. Además, las bacterias tienen la capacidad de intercambiar material genético entre sí, incluyendo genes de resistencia. Esto significa que una bacteria puede adquirir resistencia de otra incluso sin haber estado expuesta directamente al antibiótico, favoreciendo la diseminación de la resistencia en el ambiente”.
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De acuerdo a lo explicado por la investigadora, los hallazgos se enmarcan en lo que la ciencia denomina contaminantes de interés emergente. Se trata de compuestos que se encuentran en concentraciones muy bajas, generalmente medidas en nanogramos por litro, y que hasta hace poco tiempo no eran objeto de monitoreo sistemático. La investigación, que comenzó analizando la situación del arroyo Langueyú, se extendió luego al agua subterránea y, finalmente, al agua de consumo que llega a los hogares tandilenses.
El equipo de trabajo, integrado también por Agustina Cortelezzi, Rosario Barranquero y Natalia Othax, identificó que una de las principales rutas de ingreso de estos contaminantes son las plantas de tratamiento de aguas residuales. En Tandil existen cuatro de estas plantas que, al igual que sucede en gran parte del mundo, no fueron diseñadas originalmente para remover restos de medicamentos del agua cloacal. "Hicimos un barrido de 32 fármacos, betabloqueantes, ansiolíticos, cafeína, antiinflamatorios (como el ibuprofeno y el diclofenac), paracetamol, y varios antibióticos", precisó la investigadora.
Para asegurar una buena representatividad en la zona urbana, el estudio tomó nueve muestras en total de los dos subsistemas principales del sistema distribución de agua de red. Los análisis, realizados en la ciudad de La Plata, confirmaron la presencia de varias sustancias. Se encontró ibuprofeno con una concentración promedio de 563,72 ng/l, seguido por azitromicina (43,76 ng/l) y cafeína (18,79 ng/l). También se detectaron trazas de ciprofloxacina, diclofenac, eritromicina y carbamazepina.
La bióloga manifestó su inquietud ante este panorama: “Lo que más me preocupa es la presencia de genes de resistencia antimicrobiana en estos ambientes. La detección de compuestos farmacéuticos en agua de consumo es una problemática compleja, porque todavía se siguen estudiando sus posibles efectos sobre la salud y estamos expuestos a múltiples contaminantes al mismo tiempo. Pero lo que me resulta más alarmante es haber encontrado altas concentraciones de antibióticos en el arroyo Langueyú, que presenta una fuerte contaminación y donde además detectamos bacterias potencialmente patógenas para las personas. La combinación de antibióticos y bacterias en el ambiente puede favorecer la aparición y propagación de resistencia antimicrobiana”.
La crítica situación del arroyo Langueyú
El estudio vuelve a poner el foco sobre el arroyo Langueyú, donde la concentración de estos fármacos es significativamente mayor que en el agua de red. La coexistencia de bacterias como Escherichia coli o coliformes fecales con altas concentraciones de antibióticos como la ciprofloxacina en el cauce del arroyo representa un riesgo sanitario de magnitud, ya que acelera la creación de bacterias resistentes a los tratamientos médicos convencionales.
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La conexión entre el arroyo contaminado y el agua que consume la población se explica a través de la dinámica hídrica subterránea. Según las investigaciones de Rosario Barranquero -detalló Paz-, la alta demanda de los pozos de extracción cercanos al arroyo genera un efecto de succión. De este modo, en lugar de que las aguas subterráneas descarguen hacia el arroyo, parte del agua del arroyo Langueyú puede infiltrarse hacia las napas utilizadas para abastecimiento de agua potable.
La legislación actual no establece límites máximos para estos compuestos en el agua, pero Estefanía Paz subrayó que las infecciones por bacterias resistentes ya son una de las principales causas de muerte a nivel global, lo que otorga a este estudio una relevancia fundamental para la salud pública local.
Para mitigar esta problemática, la docente hizo referencia a la necesidad de mejorar las plantas de tratamiento de aguas residuales. En este sentido, la planta desnitrificadora anunciada para la ciudad podría representar un avance significativo en la remoción de este tipo de compuestos del agua potable. Asimismo, los investigadores instaron a fomentar un consumo responsable de medicamentos entre la población para reducir la carga de contaminantes que llegan al sistema cloacal y, eventualmente a las fuentes de agua.
Redactor El Eco de Tandil