Vivir en Gardey, el pueblo que se transforma pero que para sus vecinos sigue siendo "un lugar impagable"
Informe especial de El Eco de Tandil por el aniversario número 113 de Gardey.
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La postal de Gardey en abril de 2026, cuando celebra el 113er aniversario de su fundación tiene dos imágenes: por un lado la de la tranquilidad, con las bicicletas sin candado en la puerta de los almacenes y los chicos jugando en la calle. Por otro, la del crecimiento de los últimos años que llevó a casi duplicar la población en muy poco tiempo, la de los nuevos vecinos, el turismo rural y la de un futuro en el que no falta quien la imagina como “otro barrio de Tandil”.
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailEs jueves por la mañana, y todo en la localidad parece cumplir con la consigna del cartel que en la entrada del pueblo invita a “bajar un cambio”. En “pleno centro”, dos autos se detienen en el medio de la avenida principal frente a la plaza y los conductores charlan, sin apuro, de ventanilla a ventanilla. Saúl, que tiene 91 años y todavía recuerda el sonido del tren llegando a la Estación, saluda a una madre que va de la mano con su bebé. Vanina, que hace una década se mudó desde “cerca de la General Paz”, ayuda con la limpieza de la capilla y espera a su hija que pronto llegará caminando desde la secundaria. Serafín hace las compras en la carnicería, porque a la tarde prenderá el fuego de la parrilla que abrió poco más de un año atrás.
El Eco de Tandil recorrió la localidad y dialogó con vecinos y vecinas para conocer cómo se vive en Gardey en el presente, cómo se transformó la localidad en los últimos años y cómo se la imaginan en el futuro. Algunos destacaron la tranquilidad, otros el hecho de que todos se conocen y eso genera lazos solidarios fuertes y sostenidos. Otros -en tiempos donde todo parece considerarse por su valor económico- eligieron definir a la vida en el pueblo como “algo impagable”.
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Gardey, antes y después
La localidad celebra su aniversario cada 7 de abril ya que es día, del año 1913, la Provincia aprobó los planos para la “fundación de un pueblo en el partido de Tandil, el que se denominará ‘Gardey’”. Según el historiador Daniel Pérez, y siguiendo a otros como Marcelino Irianni, dos nombres fueron importantes en los orígenes del lugar: Juan Gardey y Pablo Guglieri.
El primero, inmigrante francés que había llegado a Tandil en 1864, tuvo once hijos y amasó una considerable fortuna como comerciante. Amigo de Ramón Santamarina, Gardey fue el dueño de un almacén que estaba ubicado en la esquina de Pinto y Belgrano. En 1891 compró unas tierras de la zona que entonces se conocía como Las Horquetas, Era en el km. 356, donde funcionaba la estación de ferrocarril de nombre Pilar, que en 1895 pasó a llamarse Gardey.
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El segundo, Guglieri, fue quien en 1912 adquirió esas tierras a los herederos de Gardey. Este ya había tenido participación en la fundación de localidades -como Daireaux-, y fue quien solicitó a la Provincia la creación del pueblo, que se concretó un año después.
Como en el presente, a comienzos del siglo XX también hubo movimiento migratorios y jóvenes de diferentes lugares del país que buscaban oportunidades en la zona. Por entonces, el tren fue el motor del lugar, tanto en el transporte de personas como de la producción agropecuaria y hasta de los diarios y revistas que llegaban día por medio. En aquel tiempo, la fábrica láctea La Tandilera recibía la producción de los tambos, y era un faro de la producción no solo del pueblo sino de toda la región. Pero también como otros parajes y pueblos rurales, tras la privatización del ferrocarril y la consigna de que “ramal que para, ramal que cierra”, el tren dejó de pasar por Gardey.
Presente y futuro
En los últimos años -en sintonía con el crecimiento de Tandil-, la localidad comenzó a experimentar una considerable transformación. El censo del 2010 dio como resultado 532 habitantes, mientras que el de 2022 arrojó 810, aunque el conjunto de los consultados afirmó que ya superan el millar. Se construyeron nuevos barrios -incluso uno bajo la modalidad Procrear-, y familias de grandes centros urbanos decidieron trasladarse al lugar.
Aunque la producción agropecuaria y ganadera de la localidad sigue siendo el motor principal de la economía, también desarrolló un nuevo perfil basado en el turismo rural, y surgieron emprendimientos gastronómicos con identidad propia pero que evoca a la memoria de los almacenes de campo y de ramos generales. Además, se puso en valor al arroyo Chapaleofú y hay propuestas para pasar el día y recorrer senderos, entre muchas otras.
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Así como creció la población, también surgieron nuevas instituciones como los Bomberos Voluntarios y el Museo Malvinas, nuevos comercios, y las autoridades locales gestionaron la mejora de las instalaciones escolares y otras obras públicas. Movimientos ciudadanos lograron que se modificaran prácticas agrícolas y “ya no nos pasa el mosquito fumigando por el medio del pueblo”, como contó un vecino. Mientras sigue vigente el reclamo por cloacas para la localidad, Gardey continúa creciendo, y hasta existe una creciente demanda de viviendas para alquilar.
Para sus habitantes, no hay como el pueblo. “Está re lindo, el pasto cortado, y todo prolijo”, dijo una vecina, aunque el conjunto de los consultados sostuvo lo mismo. 48 alumnos concurren al jardín de infantes, 101 a la primaria, 123 a la secundaria (Técnica), y 22 a la escuela de adultos. ¿Cómo será Gardey en el futuro? Son las 12 del mediodía, el timbre marca el final de clases y la respuesta a la pregunta queda flotando en el viento.
Gabriela Tellería: “Es mi lugar”
Gabriela Tellería nació, se crio y vivió toda su vida en Gardey, donde también nacieron sus hijos. Aunque lleva más de una década trabajando en la administración municipal, desde hace 2 años se desempeña como delegada de la localidad. “Lo sigo eligiendo porque me encanta, y porque es mi lugar”, aseguró sobre su pertenencia.
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“El pueblo va innovando cosas, la gente va diciendo de poner cosas cada vez más nuevas, para que el turismo se incentive. Y la verdad que todos los fines de semana tenemos muchas visitas, tanto gente en bici, motoqueros o gente que viene a tomar el mate a una parrilla o al arroyo que está muy lindo. También elige salir un poco a la naturaleza”, contó.
“Me gusta la tranquilidad. Porque tenemos paz en el sentido de que a pesar de que el pueblo creció es un lugar que a la noche se puede descansar, en el que los chicos andan en bicicleta. Y aunque hay más circulación vehicular, no deja de ser un pueblo, que es lo importante”, sumó.
-¿Cómo te imaginás el futuro de Gardey?
- Me lo imagino como un barrio de Tandil. Porque creo que estamos muy cerca y creo que se va a ir poblando cada vez más y eso está bueno.
Anael Matos: “Siempre estamos el uno para el otro”
Anael Matos tiene 24 años y ni bien se encendió el grabador afirmó: “Soy mamá, bombera emprendedora y estudiante de diseño gráfico en el IPAT”.
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Para recibir a El Eco de Tandil abrió las puertas del cuartel de Bomberos Voluntarios, en donde se convirtió en la primera mujer en ser parte de la dotación. Vive a poco más de una cuadra, por lo que es siempre una de las primeras en llegar cuando suena la sirena.
“Me crie acá. Es muy tranquilo y es otra cosa. Vivís muy en paz, porque es otra paz la del pueblo. Nos conocemos todos y es hermoso”, dijo sobre su lugar. Pero el sentimiento de pertenencia impulsó en Anael otro deseo: “Mi idea era devolverle algo al pueblo. Porque una cuando nace acá, ama al pueblo y yo sigo acá en el cuartel devolviéndole lo que me da”, sumó con orgullo sobre su decisión de ser bombera.
“Cuando era chica esto era muy chiquito, nada que ve ahora que ha crecido un montón. Pero creo que todavía sigue manteniendo esa tranquilidad. Nos seguimos conociendo todos, y nuestros hijos pueden venir a la plaza. No estás todo el tiempo preocupándote por dónde están, por lo que pasa, y eso es muy bueno”, agregó.
-¿Cómo te imaginás Gardey en el futuro?
-Yo me lo quisiera imaginar así de chiquito todavía, y tranquilo. Pero unido. Creo que algo que representa mucho al pueblo es esa unión, es como que estamos siempre el uno para el otro. Si alguien necesita ayuda, no son solo los bomberos, generalmente los vecinos están muy en eso de de qué necesita el otro.
Saúl Carmona: “Es como la casa tuya”
Saúl Carmona tiene 91 años. Nació en Vela, pasó por campos cercanos a Pablo Acosta y desde 1948 vive en Gardey, donde todos lo conocen como “Suli”.
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“La gente me quiere. Soy un afortunado porque no soy padre y tengo hijos, no soy abuelo y tengo nietos. A veces voy a hacer algo y salen todos los chicos a abrazarme. Entonces pienso qué fortuna es todo esto”, dijo el vecino.
Los primeros recuerdos de Suli con la localidad son de los tiempos en los que “era todo chata y sulkis”, y los vecinos andaban a caballo. Por entonces, a mediados del siglo pasado, trabajaba en tambos de la zona y jugaba al fútbol. Pero sobre todo recuerda el paso del tren, y cuando “cerca de las 3 de la tarde se cruzaban el que venía de Bahía Blanca y el que iba a Capital”.
Al momento de definir, Suli fue directo: “Gardey es como la casa tuya. Se vive bien, y los que se quejan es de gusto. Yo tenía una tía que decía que ‘ustedes no saben lo que tienen’, porque a veces uno no sabe. Pero esto es gloria, y en pocas partes debe haber”.
Para el vecino, que conoció muchas épocas diferentes de la localidad, “la gente que ha venido es macanuda, y eso vale”.
-¿Cómo se imagina Gardey en el futuro?
-Qué se yo…porque si va así…en diez años se hizo más que en cuarenta o en cincuenta.
Vanina Cocciolo: “Lo hicimos nuestro lugar en el mundo”
Vanina tiene 44 años y vive desde hace poco más de una década en Gardey. Sus padres habían comprado una casa, y junto a su pareja llegaron a la localidad con un fin muy particular: pasar su luna de miel. Entonces hicieron una promesa, que en el caso de tener un hijo se iban a mudar al pueblo.
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Y así lo hicieron. Antes residían en Tapiales, a metros de Richieri y la General Paz, y su vida cambió completamente. “Buenos Aires estaba detonado. Acá se vive una tranquilidad y una paz impresionantes y además el calor de la gente te acoge también a quedarte. Encontramos muchas actividades para hacer y la verdad que lo hicimos nuestro lugar en el mundo”, contó.
Desde su llegada, su marido pasó a formar parte de los Bomberos Voluntarios, y juntos se sumaron a la Capilla San Antonio de Padua, al Club Racing y a la cooperadora escolar. Tienen dos hijas que concurren a la escuela en el pueblo. “Me gusta que ellas puedan estar tranquilas, mi nena más grande está en la secundaria y se vuelve caminando sola. Si pasa algo, se que siempre va a haber alguien porque todos nos conocemos y tenemos buen trato”, aseguró.
“Siempre cuento que con mi esposo vivíamos antes en un departamento en Flores, y yo no sabía quienes eran mis vecinos. Dejaba el arroz en la hornalla, cruzaba una avenida, compraba algo, volvía a casa y el arroz seguía ahí. Si llego a hacer eso acá se me quema la casa, porque llego a la esquina y me pongo charlar con uno, entro al negocio y charlo con otro. Eso es impagable”, agregó.
-¿Cómo te imaginas Gardey en el futuro?
-Me lo imagino con avances en la Salita, y después con respecto a la urbanización no mucho más. Nos faltarían las cloacas, pero todos los otros servicios los tenemos. La parte de la Municipalidad anda perfecto. Cortan el pasto, el lugar está hermoso. No se si vendrá más gente, pero si vienen, bienvenido sea, porque esto también trae progreso.
“Un Gardey más floreciente”
Pedro Moisás tiene 78 años. Nació en Gardey y su partera fue doña Rosa Amores, de quien en el presente lleva el nombre la calle en la que vive. “Fui a la escuela acá, y fui bautizado en la parroquia San Antonio, donde se casaron mis padres y donde tomé mi primera comunión”, contó.
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“Gardey era una zona rural, estaba la fábrica de quesos La Tandilera, venían muchos tamberos. Había siembra de papa y las cosechas se hacían en bolsas, entraban al galpón de la Estación”, recordó.
“El tren era fundamental. Había movimiento, muchos locales, trenes que venían de Buenos Aires día, a Bahía Blanca, y nos traían los periódicos. Estaba la casa de Ramos Generales de Mendiguren, lo del Vulcano, lo de Bollier, había mucho movimiento en cuanto a los negocios de la gente de campo”, sumó.
Hijo de ladrilleros, vivió en la localidad hasta los 24 años. A comienzos de la década del ‘90 volvió y comenzó a desempeñarse por lo que muchos lo recuerdan en el pueblo, como enfermero de la Salita. “Tengo muchos recuerdos, gratos y no gratos porque la profesión es así. Eran tiempos difíciles porque no teníamos ambulancia, pero después trajeron una y facilitó la tarea”, dijo sobre su trabajo, que en el presente continúa su hija.
¿Cómo se imagina Gardey en el futuro?
-Me imagino que siga creciendo. Que nuestros nietos tengan oportunidades que nosotros no tuvimos. Esperar un Gardey más floreciente. Está muy prolijo y ordenado. Pero uno siempre pretende un poquito más.
“Una decisión del corazón”
Serafín tiene 36 años y vive en Gardey desde muy chico. Fue al jardín de infantes y a la escuela primaria y secundaria en la localidad. Desde el 2019 tiene un almacén, y recientemente inauguró otro. Su historia es la de alguien que no solo eligió y elige al pueblo, sino también de quien apuesta a emprender en el lugar.
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Hace poco más de un año y medio se encuentra a cargo de Ramos Generales, una parrilla ubicada sobre la avenida principal. “Yo nací y viví toda mi vida en Gardey, así que para mí no es solo un lugar, es parte de quién soy. Por eso emprender acá no lo siento como un negocio, sino como una decisión del corazón, una forma de devolverle al pueblo todo lo que me dio”, compartió.
En Ramos Generales las cocineras, el asador y los mozos son oriundos de Gardey. Porque la propuesta del lugar fue desde sus orígenes el mantener el espíritu de la localidad. “Yo sentía que podía haber demanda de que alguien fuera a disfrutar eso, un buen cacho de carne, un buena una buena copa de vino, en un buen lugar donde puedas ir con tu perro, donde puedas ir con tus hijos. Encontramos el lugar y decidimos armarlos y probar”, sostuvo.
“No me considero gastronómico y de hecho, no trato a mi restaurante como un gastronómico. Nosotros no tenemos carne precocida, no tenemos ningún secreto. Nos fijamos cuántas reservas hay, hacemos un poco más que eso, y prendemos el fuego dos o tres horas antes, ponemos la carne y cocinamos como en tu casa. La carne es de la carnicería de al lado, la verdura de la ensalada y de la papa es de la verdulería de enfrente, y así pretendemos seguir y transmitir eso, que vaya a comer un asado tranquilo como en tu casa”, cerró.
Antes de que le sea formulada la pregunta sobre el futuro, Serafín se adelantó. “Invertir en Gardey es eso. Creer en su futuro, apostar por su gente y elegir todos los días el lugar donde quiero vivir”.
Redactor El Eco de Tandil