Librerías tandilenses advirtieron que la derogación de la Ley del Libro pondría en riesgo al sector
Referentes de librerías independientes de la ciudad sostuvieron que la medida favorecería la concentración del mercado, perjudicaría a los pequeños comercios y afectaría a toda la cadena editorial.
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Las librerías independientes de Tandil manifestaron su preocupación por el proyecto que propone derogar la Ley 25.542, conocida como Ley del Libro, una normativa que desde hace más de dos décadas regula la comercialización de libros en Argentina y que, según advirtieron desde el sector, resulta clave para garantizar una competencia equitativa entre los distintos actores del mercado editorial.
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailEn ese marco, Casa Azul Libros, La Bullanga, Alfa Librería y El Gato Neftalí difundieron un documento conjunto en el que alertaron sobre las consecuencias que podría generar la iniciativa presentada el pasado 6 de julio, al considerar que pondría en una situación crítica a las librerías independientes y de cercanía.
En diálogo con El Eco, Daniel Fernández, de La Bullanga, explicó que la ley fue sancionada en 2002 tras un amplio consenso entre autores, editores y libreros, y que desde entonces atravesó gobiernos de distintos signos políticos sin sufrir modificaciones sustanciales.
"Es una ley que tiene más de 25 años, que fue construida entre todos los sectores que forman parte del mundo del libro y que siempre contó con un consenso muy importante. Lo que ocurre ahora es que aparece una propuesta de modificación unilateral, sin consultar a ninguno de esos actores", sostuvo.
El precio único como garantía de competencia
Fernández señaló que uno de los aspectos centrales de la normativa es el establecimiento de un precio único de venta al público, definido por las editoriales, que debe respetarse en cualquier punto de comercialización del país.
"Eso significa que un libro cuesta lo mismo en una librería de barrio, en una gran cadena, en un supermercado o en una plataforma de internet. Esa igualdad de condiciones permite que podamos competir y convivir librerías de distintas escalas", explicó.
A su vez, remarcó que las librerías independientes no solo cumplen una función comercial, sino que además desarrollan una intensa actividad cultural. "Las librerías organizamos presentaciones de libros, charlas con autores, ferias, encuentros con lectores. También ofrecemos una atención personalizada y recomendamos lecturas que muchas veces no llegan a los grandes circuitos comerciales", indicó.
Según advirtió, si la ley fuera derogada, grandes empresas con mayor capacidad financiera podrían vender libros incluso por debajo de su costo, desplazando progresivamente a los pequeños comercios. "Al principio puede parecer beneficioso porque algunos libros bajarían de precio. Pero eso dura poco. Después el mercado se concentra, desaparecen las librerías independientes y quedan muy pocos actores manejando toda la venta", alertó.
El efecto sobre toda la industria editorial
Por su parte, Javier Valdez, de Casa Azul Libros, sostuvo que el impacto no se limitaría a los libreros, sino que alcanzaría a editoriales independientes, escritores, ilustradores, traductores, imprentas y lectores. Explicó que buena parte de los autores argentinos más reconocidos realizaron sus primeros pasos gracias a editoriales pequeñas que apostaron por ellos cuando todavía eran desconocidos.
"El camino del escritor, como el del lector, lleva tiempo. Generalmente son las editoriales independientes las que descubren nuevas voces y las acompañan en ese crecimiento. Las grandes plataformas trabajan con otra lógica y no tienen esos tiempos", afirmó.
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Como ejemplo, mencionó el recorrido de Samantha Schweblin, quien comenzó publicando en sellos independientes antes de alcanzar reconocimiento internacional, y recordó que casos similares pueden encontrarse en autores como Gabriela Cabezón Cámara y Mariana Enríquez.
Para Valdez, ese circuito constituye "un ecosistema muy virtuoso", donde las editoriales pequeñas funcionan como un semillero de escritores que luego pueden llegar a públicos mucho más amplios.
Una cadena que involucra a muchos actores
El librero también explicó que el precio de venta al público no lo establece el Estado ni las librerías, sino cada editorial, teniendo en cuenta todos los costos que intervienen en la producción de un libro.
"De ese precio sale la parte que corresponde al librero, al editor, al traductor, al ilustrador, a la imprenta y a todos los que participan del proceso. Nadie mejor que una editorial para definir cuánto debe costar un libro en Tandil, en Ushuaia o en La Quiaca", señaló.
Finalmente, ambos coincidieron en que la discusión excede el aspecto comercial y pone en juego la diversidad cultural y el acceso a una oferta editorial amplia y federal.
Desde las librerías tandilenses insistieron en que la permanencia de la Ley del Libro permite sostener una red de comercios de cercanía que no solo venden ejemplares, sino que además generan espacios de encuentro, promueven la lectura y acompañan el desarrollo de autores y editoriales independientes en todo el país.
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