Los microorganismos vivos ayudan a blindar la sanidad de los cultivos
Lucrecia Couretot, fitopatóloga del Inta Pergamino, analiza el potencial de los biocontroladores y su rol complementario frente a los tratamientos químicos tradicionales.
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La bioprotección se ha consolidado como una herramienta estratégica en la agricultura moderna, basada en el uso de productos naturales para el control de plagas, malezas y enfermedades.
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailLucrecia Couretot, especialista del área de fitopatología de la Estación Experimental Agropecuaria (EEA) Pergamino del Inta, destaca que esta tecnología utiliza organismos vivos para proteger los cultivos de interés agrícola en un nuevo podcast de El Eco Campo.
Actualmente, en Argentina, los géneros más difundidos y utilizados son Bacillus y Trichodermas. Estas herramientas biológicas permiten realizar un manejo sanitario integral, aprovechando las funciones naturales de estos microorganismos para combatir patógenos sin degradar el ecosistema del suelo.
Mecanismos de acción
El funcionamiento de los biocontroladores no es unidimensional, sino que emplea diversas estrategias biológicas para neutralizar las amenazas. Couretot explica que uno de los procesos principales es la competencia directa por espacio y nutrientes entre el hongo benéfico y el patógeno.
Además, estos organismos tienen la capacidad de secretar enzimas específicas diseñadas para degradar las estructuras de los patógenos que intentan afectar a las plantas. Este ataque bioquímico natural reduce la carga de enfermedad en el ambiente circundante a la raíz o la semilla.
Otro mecanismo fundamental es la producción de biofilm. Estas son estructuras protectoras que recubren las raíces, hojas y tallos del cultivo, generando una resistencia física y biológica que impide o dificulta el ingreso de agentes patógenos a los tejidos vegetales.
Ventajas frente a los tratamientos químicos
Una de las diferencias más marcadas entre la bioprotección y la protección química tradicional radica en la duración del efecto residual. El control biológico presenta una acción mucho más prolongada cuando es aplicado directamente en el suelo o como tratamiento de semillas.
En contraste, los tratamientos químicos suelen ofrecer un periodo de protección más corto y acotado en el tiempo. Esta mayor persistencia de los biológicos permite que la planta esté protegida durante etapas críticas de su desarrollo inicial, asegurando un mejor establecimiento del cultivo.
Asimismo, la especialista del Inta Pergamino subraya que los biológicos tienen una probabilidad "muy baja" de generar resistencia en los patógenos. Esto se debe a que poseen múltiples mecanismos de acción simultáneos, a diferencia de los químicos, que suelen actuar sobre apenas uno o dos sitios específicos del patógeno.
Investigación y resultados
Dentro del área de fitopatología de la Estación Experimental Agropecuaria Pergamino, las líneas de investigación actuales se enfocan prioritariamente en el uso de bioinsumos aplicados al tratamiento de semillas. Se busca evaluar cómo estos biocontroladores ejercen un dominio sobre los patógenos que afectan la emergencia y las raíces.
Los ensayos realizados por el equipo de Couretot han demostrado experiencias exitosas en cultivos de alta relevancia económica como el trigo, la soja y el maíz. En estos sistemas, se ha logrado controlar eficazmente patógenos del suelo que suelen comprometer el stand de plantas inicial.
Específicamente, los bioprotectores han mostrado resultados consistentes en el control de Fusarium, Rhizoctonia y Pythium. Estos patógenos son responsables de importantes pérdidas de rendimiento si no se manejan adecuadamente desde el inicio del ciclo productivo en trigo, cebada y soja.
El futuro
A pesar de las ventajas enumeradas, Couretot advierte que el nivel de adopción de la bioprotección en los sistemas productivos locales todavía se considera bajo, aunque se encuentra en una fase de crecimiento sostenido. La tendencia no apunta a la eliminación de los químicos, sino a un esquema híbrido.
El planteo actual es que los bioprotectores funcionen de manera complementaria con los productos de síntesis química. Según la experta, no siempre es factible utilizar biocontroladores de forma exclusiva bajo los sistemas de producción intensivos vigentes en la región.
La decisión de integrar estas tecnologías depende estrictamente de las características de las enfermedades presentes en cada lote y del potencial que estas tengan para provocar pérdidas de rendimiento significativas. La bioprotección aparece, así, como un aliado fundamental para una agricultura más resiliente y eficiente.
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