Tandil 2050: cómo la planificación al estilo Curitiba puede transformar la ciudad
Pensar el futuro es un privilegio que se convierte en responsabilidad ética cuando el crecimiento desordenado empieza a fracturar el territorio. Entre el espejo de Curitiba, la urgencia de integrar la Ruta 226 al tejido urbano y la necesidad de fijar metas de excelencia para cada industria local, un abordaje de las claves para que Tandil 2050 dé su segundo paso en FLAMA y transforme el diagnóstico en una hoja de ruta concreta.
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Siempre afirmo que la planificación no puede realizarse desde un escritorio ajeno a la realidad.
En columnas anteriores busqué abordar temas centrales con el objetivo de estructurar una visión integral de desarrollo: desde superar la mirada del espejo retrovisor para comprender que no podemos gestionar el crecimiento frenando inversiones por la trampa del "yo llegué primero", pasando por la necesidad de construir un acuerdo tripartito (Estado, privados y tercer sector) que garantice un pacto de reglas transparentes e infraestructura financiada por la plusvalía urbana, hasta comprender que la escala regional de nuestra ciudad desborda sus propios límites administrativos y nos desafía a pensar estratégicamente el "Efecto 500.000" articulando con el centro bonaerense.
Sin embargo, hoy quiero partir de una certeza muy concreta: proyectar el futuro es un privilegio de agenda.
No todos los tandilenses disponen del tiempo ni de los recursos para imaginar el Tandil de las próximas tres décadas. Hay familias concentradas en resolver el día a día.
Por esa razón, quienes contamos con el contexto, la formación y las herramientas profesionales para alzar la mirada, tenemos la obligación moral de actuar.
No es un pasatiempo ni un ejercicio teórico. Es el compromiso de evitar que el desarrollo local postergue a la mitad de la población. Pero entendamos algo fundamental: el urbanismo no lo es todo.
Las herramientas técnicas y los planos son indispensables, pero vacíos si no hay una convicción política y comunitaria detrás. Planificar es actitud. Es la actitud de asumir el largo plazo para convertirnos en una ciudad próspera. Esa es, en última instancia, la diferencia radical entre la relevancia y la indiferencia de un territorio.
Para canalizar esta visión de forma participativa e institucional, los invito a sumarse a través de www.tandil2050.com.
Porque el verdadero desafío de Tandil 2050 es lograr que la comunidad adopte esa actitud estratégica. Y como no existe actitud sólida que flote en el aire, es cada vez más importante un diagnóstico certero con datos precisos sobre los cuales sustentar las decisiones.
El diagnóstico como punto de partida
A menudo solemos caer en el error de definir la ciudad considerando únicamente la postal céntrica o los sectores con mejor calidad de vida.
Tandil se va a expandir hacia los 500.000 habitantes, de eso no tengo dudas. Pero ese proceso avanza a dos velocidades marcadamente desiguales. Cuando la infraestructura falta en algunos barrios, genera inseguridad, aislamiento y deterioro en la calidad de vida.
Los informes territoriales recientes de la Unicen aportaron evidencia técnica irrefutable sobre esta realidad periurbana. Muestran con nitidez cómo la falta de ordenamiento va aislando sectores enteros. La Ruta Nacional 226 se transformó en una verdadera cicatriz urbana, una barrera física que fractura el territorio.
El caso reciente de Villa Aguirre resulta paradigmático para comprender la urgencia de este diagnóstico. Pocos días atrás leíamos en El Eco la voz de los propios vecinos exigiendo seguridad, mejoras urgentes en las calles e iluminación eficiente. Este reclamo es la prueba empírica de lo que ocurre cuando el Estado no llega a tiempo con la infraestructura de base.
Analizar Villa Aguirre a la luz de estas demandas concretas nos enseña que saber dónde estamos parados nos permite trazar una hoja de ruta con lo que tenemos y lo que nos falta. La inseguridad no se combate únicamente con más patrulleros. Se debe combatir de raíz con iluminación LED, calles consolidadas, servicios de salud descentralizados y conectividad segura cruzando la ruta.
No obstante, esa misma traza de la 226 expone una paradoja del otro lado del asfalto. Allí coexisten emprendimientos y desarrollos prósperos, como el Barrio Graduados o los loteos consolidados frente a El Paraíso. Constituyen la demostración cabal de que existió visión privada, lógica comercial e inversión acertada donde antes no había nada.
El inconveniente no radica en que el sector privado apueste y prospere en esas áreas, sino en la ausencia de un Estado que acompañe esa dinámica con una mirada integral. Sin articulación pública, se generan focos de desarrollo pujante colindantes con barriadas históricas desprovistas de agua o cloacas. El mismo escenario se replica en Cerro Leones con el pasivo ambiental de las cavas abandonadas, o en sectores de La Movediza y Villa Laza, por mencionar algunos.
Los datos censales procesados por la universidad revelan la magnitud del desafío. En los últimos veinte años, la población de Tandil se incrementó un 33,8%, mientras que la cantidad de viviendas se duplicó (+97,5%). Existen más unidades habitacionales construidas por habitante que en cualquier otro período histórico. Pese a ello, las dificultades de acceso a la vivienda son más agudas que antes. Esto demuestra que edificar sin un diagnóstico integral distorsiona el mercado, desplaza a algunas familias hacia periferias desprovistas de servicios y encarece la tierra. Contar con más metros cuadrados construidos no equivale a que Tandil viva mejor.
El espejo de Curitiba: evolución de escala, mercado inmobiliario y los 6 ejes de Tandil 2050
Frente a este escenario de fragmentación, no hace falta improvisar soluciones cuando existen ciudades en el mundo que superaron este mismo cuello de botella con éxito.
La ciudad referente para pensar nuestra escala es Curitiba. Cuando la capital del estado brasileño de Paraná inició su revolución urbana en los años setenta de la mano del urbanista Jaime Lerner, era una ciudad mediana de apenas 600.000 habitantes —una escala no tan lejana a la proyección que avizoramos para nuestro territorio—.
Hoy en día, Curitiba supera los 1,8 millones de habitantes (y más de 3,2 millones en su área metropolitana), habiendo absorbido ese enorme crecimiento demográfico sin perder su calidad de vida ni colapsar sus servicios. Su transformación se logró gracias a la “Acupuntura Urbana”: intervenciones públicas quirúrgicas, rápidas y de alto impacto que reordenaron la dinámica colectiva.
Esta planificación previsible moldeó de forma directa su desarrollo inmobiliario actual. A diferencia de otras metrópolis donde el capital privado construye a ciegas generando caos vehicular y periferias desprovistas de servicios, en Curitiba el mercado inmobiliario creció sobre los corredores estructurantes del transporte público (TOD, por sus siglas en inglés). Allí la normativa premia la alta densidad edilicia precisamente donde existe infraestructura de calidad, mientras preserva las áreas residenciales de baja densidad y los espacios verdes. El resultado es un sector inmobiliario pujante, sofisticado y atractivo para la inversión, pero alineado estratégicamente con el bien común.
La lección de Curitiba cobra absoluta vigencia al cruzar sus soluciones con los 6 ejes estratégicos de Tandil 2050:
- Accesibilidad: Curitiba eliminó las barreras físicas entre el centro y la periferia mediante intervenciones universales en el espacio público y terminales integradas a nivel del suelo (colectivos, por ejemplo). En Tandil, la accesibilidad implica “coser” la cicatriz de la Ruta 226, garantizando cruces seguros y conectividad efectiva para barrios como Villa Aguirre, evitando que queden aislados del dinamismo urbano.
- Transporte: Diseñaron el revolucionario Sistema de Autobuses de Tránsito Rápido (BRT) con vías exclusivas y estaciones-tubo, operando con la eficiencia de un subte pero a una fracción de su costo. Para nuestra ciudad, priorizar el transporte público y organizar corredores ágiles es la vía para conectar los barrios periféricos con los nodos de salud, educación y trabajo, combinándolo con una indispensable mirada peatoncentrista.
- Educación: Como destaca la UNESCO, Curitiba descentralizó la cultura y el conocimiento creando los "Faros del Saber" —bibliotecas y centros de acceso digital junto a escuelas comunitarias—. En Tandil, con el respaldo de la Unicen y nuestro polo tecnológico, debemos llevar la infraestructura educativa y digital a la periferia para cerrar la brecha social (doy fe de que ex Globant's están muy activos con este tema).
- Medio Ambiente: En lugar de encajonar ríos con hormigón, crearon parques lineales que absorben crecidas y lanzaron programas pioneros como el "Cambio Verde" (Câmbio Verde), canjeando frutas y verduras por residuos reciclables. Para Tandil, sanear las cavas de Cerro Leones, cuidar los arroyos y consolidar la separación de residuos en origen son pilares indiscutibles de desarrollo sustentable (además de la variada agenda que Nicolás González hoy lidera en la ciudad).
- Salud: Curitiba entendió que la salud pública no comienza en la sala de guardia, sino en un entorno urbano sano. Prevenir inundaciones, garantizar agua potable, eliminar basurales e incentivar el uso del espacio público reduce drásticamente la carga sobre el sistema hospitalario. Aplicar este criterio en los barrios postergados de Tandil es la política de medicina preventiva más eficaz.
- Infraestructura: La planificación articuló el uso del suelo y el desarrollo inmobiliario privado con los ejes de transporte. En nuestra escala, la infraestructura no puede reducirse a obras aisladas. Asfaltar o iluminar una calle como exigen en Villa Aguirre no debe ser un parche coyuntural, sino parte de un plan integral donde agua, cloacas, gas, pavimento y luz lleguen de forma coordinada a cada rincón de la ciudad.
Tandil corre con una ventaja enorme sobre la Curitiba de aquel entonces: nuestra ciudad ya es bella por naturaleza y, a mi entender, aún tenemos (casi) todo por hacer.
Si en Brasil lograron contener la transición de los 600.000 al millón y medio de habitantes revolucionando su matriz urbana y guiando al desarrollo privado, las posibilidades para nuestra comunidad son incalculables si asumimos esa misma actitud de planificación a largo plazo.
Elevar el piso e instrumentar la gestión
Al evaluar la gestión urbana, cabe formular una pregunta honesta: ¿cuál es el valor real de Tandil si excluimos del mapa a los barrios consolidados o a los emprendimientos privados?
Esa respuesta jamás debe pasar por nivelar hacia abajo. Restar posibilidades al sector que progresó o desincentivar la inversión privada constituye una fórmula hacia el estancamiento. La transformación genuina consiste en elevar el estándar de las zonas postergadas sin poner un techo al desarrollo de nadie. Se trata de lograr que los sectores rezagados ganen valor urbano y humano, mientras las áreas consolidadas continúan potenciándose.
Ahora bien, para elevar ese estándar, la dinámica del mercado no resulta suficiente por sí sola. El desarrollador invierte donde existe rentabilidad comercial. Por ende, la administración municipal tiene la obligación de volcar recursos justamente allí donde al privado no le resulta rentable intervenir: en la red de agua, en el pavimento del acceso periférico o en el alumbrado del corredor barrial.
Para concretar esas obras se requieren recursos financieros genuinos. La captación de plusvalía urbana representa la alternativa indispensable para financiar obras públicas allí donde el capital privado no llega.
Allí es donde el acuerdo tripartito entre el Estado, los privados y el tercer sector revalida su importancia: articular recursos, integrar la Ruta 226 a la trama urbana (o resolverlo de otra manera, desde ya), extender servicios, respaldar la economía popular y descentralizar la atención de la salud.
Fijar objetivos de máxima: la ambición de ser referentes globales
Como lo conversé en la entrevista de Tandil Despierta semanas atrás y en columnas anteriores, una comunidad que aspira a la excelencia no puede conformarse con objetivos intermedios. El verdadero motor del desarrollo consiste en preguntarse con valentía: ¿por qué cada una de nuestras industrias y sectores clave no puede posicionarse como referente a nivel nacional o mundial?
Hace pocos días leía en El Eco a los organizadores del congreso internacional de magia manifestar abiertamente su meta: “Buscamos que Tandil sea un lugar icónico en el mundo del ilusionismo”. Ese es el espíritu de la planificación estratégica. Si ese sector se atreve a soñar con ubicar a la ciudad en el mapa global del ilusionismo, ¿por qué no habríamos de exigirle esa misma ambición a nuestro polo tecnológico, a la industria agroalimentaria, al turismo de calidad, a las energías renovables o al desarrollo universitario?
Fijar metas de máxima es el vector que empuja a todo el ecosistema local a ser más eficiente, más competitivo y a superar sus propios estándares a lo largo del tiempo. Cuando una ciudad apunta alto, la exigencia colectiva se eleva y los resultados terminan beneficiando al conjunto.
El segundo paso en FLAMA: masificar la agenda de la ciudad
Tandil 2050 no fue concebido como un documento de archivo ni como un planteo teórico. Nació para actuar como un catalizador de acciones fundamentado en datos e ideas claras.
Sería una imprudencia pretender que un dirigente conoce cada rincón del municipio sin apoyarse en evidencia técnica. Yo tampoco estoy en cada esquina ni poseo verdades absolutas. De allí deriva mi premisa de trabajo: las cosas cambian cuando se consolida un equipo ejecutivo profesional enfocado en medir, diagnosticar y ejecutar.
Liderar consiste en estructurar ese equipo en el territorio para identificar dónde falta una red de gas, dónde falla el transporte o dónde apremia la seguridad, permitiendo que cada tandilense destine su energía a trabajar, emprender, estudiar o disfrutar en familia.
Nuestra participación en la próxima edición de FLAMA representará nuestro segundo paso firme. No nos reuniremos a reiterar diagnósticos informales ni a pronunciar discursos abstractos. Vamos a marcar el cierre formal de la Etapa I —orientada a visibilizar, escuchar e instalar la agenda— para poner en marcha la Etapa II: la elaboración de un Plan Estratégico Participativo.
A través de una conversación dinámica con referentes representativos del sector académico, empresarial, social e institucional, utilizaremos los comentarios directos de los vecinos adheridos como disparadores para abordar los 6 ejes rectores de la ciudad. No buscamos acordar en discusiones cotidianas, sino construir acuerdos firmes sobre la visión compartida de hacia dónde queremos ir.
Para asegurar que ese rumbo trascienda las gestiones de turno, esta nueva etapa impulsará la creación de un Ente Autárquico de Gestión: un equipo técnico e independiente financiado por los sectores participantes, abocado a la medición de resultados, el seguimiento de indicadores y la continuidad de la hoja de ruta en el tiempo.
Queremos que Tandil 2050 sea una propuesta masiva, participativa y asumida por toda la comunidad. Porque lo que no comencemos a diagnosticar, consensuar y proyectar hoy de forma conjunta, lo pagaremos mañana con desorden urbano.
Lo expresé en la primera columna y lo sostengo: Tandil 2050 no es la marca de Rodrigo Rotonda. Es una plataforma abierta perteneciente a todos los que elegimos esta ciudad para vivir, trabajar y proyectar el futuro de nuestras familias con la actitud de ser relevantes.
Tu idea suma
Para continuar alimentando este diagnóstico continuo y consolidar el mapa real de la ciudad, la perspectiva de cada vecino resulta fundamental. ¿Qué transformaciones requiere tu barrio en materia de transporte, accesibilidad o infraestructura? ¿Qué metas de máxima identificás para tu sector en los próximos años?
Ingresá a www.tandil2050.com y sumá tu propuesta. Hagamos que cada rincón de Tandil sea parte de este equipo.
Hasta la próxima columna.
Director de Grupo Rotonda. Impulsor de Tandil 2050.