La industria de Tandil puso sobre la mesa sus desafíos y empezó a discutir cómo será la ciudad productiva de 2050
El futuro productivo de Tandil fue el eje de una jornada que reunió a distintos actores del entramado local. Infraestructura, costos, suelo industrial, innovación, conocimiento y generación de valor fueron algunos de los temas abordados en una conversación que busca proyectar la ciudad hacia el futuro.
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¿Qué industria quiere tener Tandil dentro de 15, 20 o 25 años? ¿Qué condiciones necesita generar la ciudad para sostener el crecimiento de sus empresas, atraer inversiones y crear empleo de calidad? Esas fueron algunas de las preguntas que atravesaron la jornada de trabajo que reunió a representantes del sector productivo, empresas, instituciones y distintos actores de la comunidad en Valle de los Ciervos, encuadrada en Tandil 2050 Agro, Turismo e Industria.
Como se publicó ayer en estas páginas, la actividad -propiciada por el Municipio- se realizó en el marco del Día de la Industria y propuso abrir una conversación estratégica sobre el futuro de la ciudad y construir, a partir del intercambio entre distintos sectores, una visión compartida de largo plazo.
El punto de partida fue el presente: cuáles son las dificultades que enfrenta el sector y qué barreras deberían removerse para potenciar su desarrollo. La discusión rápidamente se proyectó hacia adelante, con la intención de pensar qué matriz productiva necesita Tandil para afrontar los cambios que vienen.
En las diferentes mesas de diálogo, las conversaciones giraron en torno a las dificultades vinculadas con la infraestructura, los costos logísticos, el acceso al suelo industrial, el financiamiento, la presión impositiva y la disponibilidad de perfiles técnicos.
La actividad permitió poner en discusión los problemas que atraviesa actualmente la industria tandilense, pero también avanzar sobre una pregunta de mayor alcance: qué lugar quiere ocupar la producción dentro de la ciudad que Tandil proyecta para las próximas décadas.
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Del diagnóstico a una mirada de futuro
Las conversaciones de las distintas mesas de trabajo partieron de las dificultades que enfrenta hoy el sector. Infraestructura, costos logísticos, acceso al suelo industrial, financiamiento, presión impositiva y disponibilidad de perfiles técnicos aparecieron entre los principales obstáculos.
Al intentar definir en pocas palabras el escenario actual de la industria local surgieron conceptos como “cíclica”, “inestable”, “dinámica” y “adaptada a la coyuntura”. Una descripción atravesada, además, por el contexto económico nacional, la apertura de importaciones y la caída de las ventas, dos factores que generan preocupación entre los empresarios.
Pero la intención del encuentro no fue quedarse únicamente en el diagnóstico. La discusión avanzó sobre la necesidad de reducir costos y cargas que afectan la competitividad, revisar gravámenes, simplificar trámites y disminuir los pasos administrativos que deben afrontar las empresas, sobre los que se solicitaron reglas claras y criterios unificados. También se puso especial atención en las dificultades que atraviesan las pymes para acceder al financiamiento y sostener estructuras de costos competitivas.
A la vez, apareció como desafío la diversificación de la matriz productiva. Tandil cuenta con sectores consolidados, como el turismo, el agro y la actividad tecnológica, pero algunas ramas tradicionales, entre ellas la metalmecánica, atraviesan un escenario de retroceso y requieren nuevas estrategias para recuperar capacidades.
En ese contexto, la industria alimenticia fue mencionada como una de las áreas con posibilidades de crecimiento, especialmente a partir de la generación de mayor valor agregado en origen.
La discusión apuntó a superar una lógica centrada exclusivamente en producir y comercializar materias primas para avanzar hacia productos diferenciados capaces de alcanzar otros mercados y de aprovechar el reconocimiento de Tandil como marca. El desafío, en definitiva, pasa por identificar qué puede producir la ciudad, qué capacidades tiene para hacerlo y cómo puede convertir esas particularidades en ventajas competitivas.
Una ciudad que no parte de cero
En las mesas también quedó planteado que Tandil cuenta con una serie de fortalezas sobre las cuales construir esa estrategia. La tradición industrial, la presencia de la Universidad Nacional del Centro, el crecimiento de los sectores tecnológicos, la ubicación geográfica y el reconocimiento de la ciudad conforman una base desde la cual pensar nuevas oportunidades.
La articulación entre conocimiento y producción apareció, en ese sentido, como uno de los factores centrales. Fortalecer el vínculo entre la Universidad y el Municipio, y aprovechar las capacidades existentes para generar conocimiento aplicado, fueron considerados caminos posibles para agregar valor y acompañar la transformación del entramado productivo.
La logística constituye otro de los desafíos. El costo de trasladar productos representa una barrera para las empresas locales y, en ese marco, volvió a aparecer la necesidad de recuperar una mirada estratégica sobre el tren, tanto como herramienta logística como alternativa para mejorar la conectividad.
También la infraestructura urbana quedó vinculada con la discusión productiva. El crecimiento de Tandil no puede pensarse sin poner el foco en las obras y servicios que se necesitan para que la ciudad se desarrolle: suelo para la actividad industrial, energía, cloacas, asfalto y otras obras capaces de acompañar la expansión de Tandil.
Además, el Plan de Desarrollo Territorial y el ordenamiento urbano son dos ejes donde también se cargaron las tintas, anclados en la pertinencia de idear un plan estratégico que defina el rumbo de la ciudad en áreas como la industria informática y la producción.
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Pensar la ciudad que viene
Ese conjunto de problemas y oportunidades terminó llevando la conversación hacia una cuestión más amplia: qué ciudad quiere ser Tandil y cómo debería planificarla para las próximas décadas.
Allí aparece el principal aporte de Tandil 2050. La iniciativa de Grupo Rotonda busca que la discusión no quede fragmentada entre sectores o problemas particulares, sino que permita construir una mirada integral sobre el desarrollo de la ciudad.
La propuesta plantea pasar de una ciudad que simplemente crece a una ciudad que se diseña con propósito, a partir de una visión capaz de integrar producción, infraestructura, educación, transporte, ambiente, salud, accesibilidad, inclusión, innovación y calidad de vida. Esas dimensiones no sean abordadas de manera aislada, sino como partes de un mismo horizonte.
En tal sentido, el encuentro en Valle de los Ciervos sirvió como punto de partida para analizar el escenario actual, pero se necesitan políticas públicas y acciones tangibles que acompañen al sector. ¿Cómo hacer a nivel local para impulsar cambios concretos? ¿Qué articulaciones pueden generarse entre Municipio, Provincia y Nación, además de la sinergia público-privada vernácula?
Planificar antes de que llegue el futuro
Tanto el intendente Miguel Lunghi como los asistentes coincidieron en que proyectar la ciudad de las próximas décadas implica escuchar a quienes producen, invierten, innovan, generan empleo y forman talento.
De este modo, la industria fue así una nueva puerta de entrada a una discusión que pretende ser mucho más amplia. Antes de esta instancia, la iniciativa comunal había convocado a representantes de los sectores turístico y agropecuario, y la propuesta continuará incorporando distintas miradas.
El objetivo no es solamente imaginar cómo será Tandil en 2050. Es construir una referencia que permita orientar desde hoy las decisiones públicas y privadas, establecer prioridades y generar acuerdos.
Porque el horizonte puede estar puesto en 2050, pero las condiciones para llegar a esa ciudad se definen mucho antes. La infraestructura que se construya, las capacidades que se formen, las actividades que se impulsen, la manera en que se ordene el territorio y los vínculos que se establezcan entre conocimiento, producción y comunidad serán parte de las decisiones que terminarán definiendo ese futuro.
En definitiva, poder transformar la pregunta “qué ciudad tendremos” en otra más incómoda y concreta: ¿Qué ciudad queremos construir y qué estamos dispuestos a hacer hoy para lograrla?
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