¿Y si el centro deja de ser un estacionamiento para volver a ser un lugar de encuentro?
El valor de la tierra sube cuando el espacio público se vuelve deseable, cuando el comercio florece, cuando el transporte funciona, cuando atraemos talento y cuando caminar por la ciudad vuelve a ser un orgullo y un disfrute diario. Una propuesta para dejar de poner parches al tránsito, reestructurar la logística de punta a punta y transformar nuestra ciudad en un verdadero lugar de encuentro para el medio millón de habitantes que se viene.
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Hace un tiempo, un conocido me dijo que el mejor indicador para evaluar la gestión de un intendente era medir la variación del valor del metro cuadrado de la tierra desde que asume hasta que finaliza su mandato.
Dejando de lado la labor de nuestro intendente —lo cual es injusto porque es la buena gestión la que garantiza equivalentes resultados—, no hay dudas de que en Tandil esa variación marca una pendiente siempre ascendente. Ya volveré a este punto al final.
Pero antes de entrar en detalle, como siempre planteo desde este espacio y a través de www.tandil2050.com, construir la ciudad del futuro no es una tarea de una sola persona ni una bandera política: es una invitación abierta a cada vecino, profesional e institución a involucrarse, aportar ideas y diseñar juntos el Tandil que se viene.
Como ya discutimos al analizar el vicio del “yo llegué primero” y la urgencia de construir una ciudad disponible, la planificación urbana requiere una mirada transversal e integradora.
Que el Municipio haya convocado en el Día de la Industria a discutir la agenda productiva a 2050 es una señal de que el debate finalmente prendió. Sin embargo, desde mi humilde punto de vista, insistir con un formato fragmentado por industria y reservado a unos pocos elegidos desvirtúa el espíritu de lo que debe ser una verdadera planificación estratégica. No necesitamos eventos protocolares segmentados por rubro, sino una conversación transparente y abierta a toda la comunidad.
Volviendo ahora al tema de esta columna, gestionar una empresa, una ciudad o cualquier organización exige tener claro un objetivo. Un número que marque la escala.
En el encuentro de Tandil 2050 en el marco de FLAMA el año pasado, deslicé la cifra hacia la que debemos mirar: 500.000 habitantes para el 2050.
Hablemos con la verdad: es más de tres veces nuestra población actual. Para graficarlo, es albergar de forma permanente más del doble de personas que vinieron a presenciar al Indio Solari. Inimaginable sobre la infraestructura de hoy.
Pero como dice el dicho, “a un elefante se lo come por partes”. Tal vez no lleguemos exactamente a esa cifra, pero vamos a agradecer que ese volumen se alcance por deseo y planificación, antes que por azar, inercia o un crecimiento desmedido sin control.
Ninguna organización próspera planifica su futuro para quedarse del mismo tamaño. La escala genera la masa crítica necesaria para atraer inversiones, abrir nuevos comercios y crear empleo de calidad. El problema no es crecer, sino cómo absorbemos ese crecimiento.
Antes usé la analogía del auto de carreras en un camino lleno de pozos. Y Tandil viene acelerando fuerte. Pero si pretendemos correr a toda velocidad sobre las imperfecciones del suelo sin una buena "suspensión urbana" —hecha de datos, logística e infraestructura—, vamos a volar por los aires.
Por eso la pregunta de fondo no es cómo seguimos poniendo parches a los problemas de hoy, sino cómo empezamos a diseñar la ciudad disponible y funcional para todos.
La paradoja del centro y la nueva física de la movilidad
El primer gran pozo en el que estamos encallados es la movilidad. Y para empezar a salir de él hay que asumir una premisa básica de diseño urbano y de convivencia: en cualquier cruce o calle, la prioridad absoluta la tiene siempre el peatón.
La razón es tan simple como irrefutable (y me la enseñó un profesor de Derecho en la facultad). Antes que conductores, ciclistas o usuarios del colectivo, todos, absolutamente todos, somos primero peatones. Diseñar una ciudad pensando en las personas implica jerarquizar la escala humana por sobre la vehicular.
Y en ese horizonte de expansión hacia medio millón de habitantes, la gran trampa actual es caer en lo que en columnas anteriores llamé "el vicio del yo llegué primero”, esa postura defensiva de pretender frenar el desarrollo o congelar la ciudad en la foto del día que nos mudamos acá. Tandil cambia (y seguirá cambiando) porque está viva.
Pero sin dudas que caeríamos en un error al considerar que para siempre necesitaremos ser dueños de 1,5 toneladas de metal que pasan el 95% del día estacionadas en la vía pública juntando polvo. El mundo va a pasos agigantados hacia un paradigma de Movilidad como Servicio (MaaS), donde el transporte es un sistema integrado de flotas compartidas, micromovilidad y unidades a demanda. Sin embargo, en Tandil pretendemos encarar la densificación del radio céntrico que propone el Plan de Desarrollo Territorial (PDT) —la cual apoyo , aclaro— aplicando una lógica vehicular de hace cincuenta años.
Pretender que miles de nuevos vecinos convivan en un cuadrante de 10x10 manzanas, ingresando con dos autos por departamento hacia calles de diez metros de ancho empapeladas de vehículos estacionados en ambos lados, es una receta matemática para el colapso.
A esto se le suma que la lógica del consumo cambió para siempre. ¿Quién quiere venir hoy a buscar un televisor de 65 pulgadas al microcentro en su propio auto? Nadie.
La gratificación de comprar se resuelve en la pantalla del celular y se confirma cuando el paquete llega a la puerta de casa.
Plataformas como Mercado Libre eliminaron la fricción sumando omnicanalidad y “gamification”. Si el centro tradicional pretende competir contra la comodidad del sillón y el scroll infinito ofreciendo veredas angostas, ruido de motores y 10 minutos de búsqueda frustrante para estacionar, la batalla está perdida de antemano. Este es el verdadero pozo estructural: si no adaptamos la física del centro a la nueva física del consumo, la obsolescencia es inevitable.
Pero atenti: rediseñar el centro no es una discusión corporativa ni un tema exclusivo de los comerciantes o de la Cámara Empresaria. Es una causa ciudadana. Definir qué centro necesitamos es una decisión de toda la comunidad que habita, camina y disfruta la ciudad. Es que quien elige el centro busca la accesibilidad de tener todo a pie.
El corazón de la ciudad debe dejar de ser una playa de estacionamiento a cielo abierto para transformarse en un paseo, en un espacio de esparcimiento y punto de encuentro más.
En este esquema, la irrupción de proyectos como el Paseo del Banco actúa como un catalizador e incomodador necesario, ya que nos obliga a dejar de operar como comercios aislados para empezar a articularnos como un verdadero ecosistema urbano.
Rediseñar el transporte para habilitar la descentralización
Ahora bien, ¿cómo convertimos el centro en un paseo sin ahogar la movilidad cotidiana?
La respuesta no está en cerrar calles, sino reestructurar la logística del transporte público y de cargas para construir esa ciudad disponible donde los servicios y oportunidades estén verdaderamente al alcance de la mano.
Debemos superar la discusión cortoplacista del transporte en Tandil, hoy trancada en la discusión del porcentaje de aumento del boleto. El sistema actual es ineficiente porque obliga a las líneas de colectivos a serpentear por calles céntricas angostas, compitiendo en horas pico y circulando vacías de noche.
La solución requiere inteligencia logística:
- Líneas troncales perimetrales: retirar el transporte colectivo del corazón del centro y reestructurarlo sobre las grandes avenidas (o calles) perimetrales, con frecuencias garantizadas.
- Micromovilidad y "último tramo": conectar esas arterias perimetrales con una red segura de bicisendas y un sistema público de bicicletas —sponsoreado por privados o financiado con fondeo internacional— para moverse cómodamente hacia el interior del cuadrante (el cual hay aún que redefinir).
- Plazas logísticas para carga y descarga: ampliar el anillo de acceso para vehículos de gran porte, destinando espacios fuera del radio urbano para el estacionamiento y transferencia de carga pesada hacia plazas logísticas de vehículos exclusivamente livianos.
Esta reconversión del centro, además, encaja perfectamente con el modelo más amplio de descentralización urbana.
Rediseñar el centro no significa que sea el único polo de atracción, al contrario. Tandil necesita múltiples nodos comerciales, culturales y gastronómicos en los barrios, cada uno con sus propias densidades, servicios e identidad para evitar que toda la vida urbana dependa de un solo cuadrante. Y todo lo que se haga de acá en más tiene que servir de base para la construcción de lo nuevo.
Un plan técnico de transformación para el cuadrante céntrico
El proyecto del Centro Comercial A Cielo Abierto impulsado por la Cámara Empresaria de Tandil (cuyo nuevo plan aún no vi en detalle) sentó un precedente valioso al demostrar la voluntad del sector comercial.
Sin embargo, para que deje de ser una expresión de deseos y se convierta en una realidad operativa, debemos articularlo dentro de un plan técnico integral de intervención en cuatro ejes interconectados:
- Reconfiguración del perfil de la calle:
- “Pacificación del tránsito”: intervención física de la calzada en el polígono de 10x10 manzanas (o del nuevo cuadrante) para fijar una velocidad máxima en 20 km/h, estableciendo la prioridad peatonal absoluta.
- Recuperación del espacio común: eliminación gradual del estacionamiento en la vía pública sobre mano izquierda y derecha para ganar metros cuadrados dedicados al ensanche de veredas, arbolado urbano y la traza de bicisendas interconectadas (la “H” propuesta y rechazada, a mi entender erróneamente, por la mayoría de los comerciantes).
- Matriz de accesibilidad diferencial y regulación del PDT ):
- Filtrado de paso: el vehículo privado pierde la función de "tránsito pasante" (usar el centro como atajo) pero conserva la accesibilidad garantizada hacia garajes residenciales, playas privadas y estacionamientos subterráneos (como el Paseo del Banco) a velocidad peatonal.
- Infraestructura de estacionamiento planificada por norma (PDT): actualización del Plan de Desarrollo Territorial para exigir e incentivar la creación estratégica de playas de estacionamiento y cocheras subterráneas o en altura fuera del eje peatonal. Estas podrían operar bajo una estructura de fee o tarifa mensual vinculada al uso real, garantizando la oferta para residentes y comerciantes sin saturar la calle.
- Relocalización del estacionamiento medido: desplazamiento del sistema de cobro en la vía pública hacia los anillos perimetrales (avenidas o calles perimetrales), incentivando la rotación en los márgenes y desalentando el ingreso masivo de autos al corazón de nuevo cuadrante.
- Protocolo de logística liviana y "último tramo":
- Ventana horaria para proveedores: mantenimiento de la franja de 6:00 a 8:30 hs para la carga y descarga de proveedores pesados (como el camión de bebidas o lácteos), asegurando que el abastecimiento grande se complete antes de que la calle se llene de peatones.
- Zonas de detención perimetrales: Para evitar que las camionetas del correo o los repartidores paren en doble fila con balizas sobre calles angostas como Rodríguez o Pinto tapando el tránsito, se crean zonas de detención rápida de 20 minutos en las esquinas perimetrales (sobre las avenidas como España, Santamarina o Rivadavia). Ahí la camioneta o furgón descarga en un punto seguro y el reparto final a los comercios o vecinos del cuadrante se realiza a pie, en zorras o en bicicletas de carga (aunque muy probablemente, ya para el 2050 sea hecho de forma automatizada por robots).
- Sostenibilidad financiera y gestión de activación viva:
- Fondo de Desarrollo Urbano: La recaudación del estacionamiento medido relocalizado en las arterias perimetrales y de los cánones por uso de la infraestructura dedicada, sumada al patrocinio privado (sponsoring), se destina a un fideicomiso transparente para financiar las obras de infraestructura y el mantenimiento del área.
- Agenda permanente de activación cultural: Financiamiento de una programación continua de eventos en la vía pública (charlas, intervenciones culturales, gastronomía y dinamización con espíritu FLAMA) que conviertan la calle en un espacio vivo de atracción para residentes y visitantes.
Toda esta transformación no se va a lograr con reuniones de café ni esperando que las instituciones tradicionales gestionen los detalles operativos del espacio público. Las cámaras y asociaciones cumplen un rol de representación indispensable, pero no son agencias operativas de desarrollo urbano.
Necesitamos conformar un equipo de gestión profesional, ejecutivo y remunerado, enfocado 24/7 en gerenciar el espacio público con estándares de eficiencia técnica. Un management dedicado exclusivamente a monitorear datos en tiempo real, ejecutar presupuestos y dinamizar el área.
Como reflexionó Mauricio Salvatierra en una nota reciente en El Eco, "la discusión no es si la tecnología avanza, sino cómo la usamos". Críticas e ideas magistrales, sobran. Pero verdaderos hacedores, faltan.
Una invitación abierta a traccionar en la misma dirección
Al final del día, todos queremos vivir más y mejor. Pero la longevidad individual es incompleta sin longevidad urbana.
Vivir más exige tener objetivos de largo plazo, entender el crecimiento de la población como una oportunidad y asumir que la infraestructura debe anticiparse al futuro para garantizar que la ciudad mantenga su vitalidad a lo largo del tiempo.
Como sostengo desde la primera columna, este espacio no busca encasillar a "Tandil 2050" como una plataforma individual ni como una candidatura personal de Rodrigo Rotonda, sino consolidar un punto de encuentro abierto para sumar a cada vecino, profesional e institución que quiera ponerse la camiseta de la ciudad.
Al principio de esta columna mencionaba que la medida del éxito de un intendente puede ser la variación del valor del metro cuadrado de nuestra tierra. Pero en una ciudad que aspira a trascender, ese no puede ser solo el termómetro de una gestión de gobierno: debe ser la métrica colectiva de toda una comunidad.
El valor de nuestra tierra no sube por casualidad ni por especulación. Sube cuando el espacio público se vuelve deseable, cuando el comercio florece, cuando el transporte funciona, cuando atraemos talento y cuando caminar por la ciudad vuelve a ser un orgullo y un disfrute diario. El verdadero desafío es asumir el rol de hacedores y crear una ciudad tan atractiva, pujante y humana que el valor de cada metro cuadrado tandilense no sea más que el reflejo directo de la calidad de vida que supimos construir juntos.
Se trata de hacer de Tandil un lugar tan extraordinario que vuelva a valer la pena apagar la pantalla, salir a la calle y encontrarnos. Y la pregunta acá es: ¿qué tan dispuestos estamos de volver a conseguirlo?
La conversación está abierta. Podés dejar tus ideas, críticas y proyectos en www.tandil2050.com.
Hasta la próxima columna.
Director de Grupo Rotonda. Impulsor de Tandil 2050.