Nutrición sistémica: las emociones también se sientan a la mesa
Una mirada que integra alimentación, emociones, historia familiar y síntomas físicos propone ampliar la forma de entender la salud. La nutrición sistémica invita a observar qué hay detrás de aquello que el cuerpo intenta expresar.
Los hábitos alimentarios no se construyen únicamente a partir de elecciones individuales. La historia familiar, las experiencias emocionales y los vínculos también dejan huellas que pueden manifestarse en el cuerpo. Desde una perspectiva integradora, la nutrición sistémica propone escuchar los síntomas y comprenderlos como mensajes que merecen ser observados.
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailLa nutrición sistémica surge de la integración entre la formación nutricional tradicional y otras herramientas orientadas a comprender la historia personal y familiar de quienes consultan.
"En el plato se sirven emociones más que comida", definió Silvia Rua, nutricionista sistémica, al tiempo que agregó que "como nutricionista tuve la necesidad de ver un poco más allá de lo que es la consulta de la persona que viene por una sintomatología. Muchas veces la gente se iba del consultorio y me decía: 'no sé si vine a ver a una nutricionista o a una psicóloga, pero yo me voy más liviana'".
En diálogo con Eco Salud de El Eco Multimedios, Rua explicó que a partir de su recorrido por las constelaciones familiares y otras disciplinas, comenzó a incorporar una perspectiva más amplia sobre los procesos de salud.
"Esto no invalida la atención médica, la atención del psicólogo ni la atención de otras disciplinas tradicionales, pero esta mirada sistémica abre otras puertas".
Escuchar lo que el cuerpo intenta decir
Uno de los conceptos centrales de esta perspectiva es entender al síntoma como una expresión del organismo frente a situaciones que muchas veces permanecen invisibles.
"Hay cosas que no las vemos y que en el día a día pulsan por salir a la superficie. ¿Y cómo pulsan?. A través del síntoma", indicó.
La especialista sostuvo que con frecuencia existe una tendencia a enfocarse únicamente en aliviar el malestar físico.
"Hay como una corriente de tapar el síntoma, anestesiarlo, medicándolo, operándolo, inyectándolo, que no está mal desde esa mirada, pero hay que complementar con un montón de otras miradas".
En ese sentido, relató experiencias de consultantes en las que determinados problemas de salud aparecieron asociados a situaciones emocionales profundas.
"El cuerpo pulsa para que lo miremos. Algo que duele tanto, duele tanto que no entra. Es como que no te cabe en el corazón. Y entonces el cuerpo empieza a hablar y lo hace de distintas maneras".
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Del cuerpo a las emociones
La ansiedad es uno de los motivos de consulta más frecuentes. Sin embargo, la propuesta es ir más allá del síntoma visible.
"La consulta de siempre es la ansiedad. La ansiedad me lleva a comer de más, a comer lo que no debo. Quiero cuidarme. Pero yo siempre pregunto: ¿cuidarte de qué?. Entonces vamos para atrás, al cuerpo". Para ello utiliza ejercicios de registro y observación corporal.
"¿Dónde sentís esa ansiedad?. Ponele color. Mis consultantes vienen con un cuadernito y ahí se empieza", explicó.
La historia familiar también se sienta a la mesa
La nutrición sistémica incorpora además la influencia de las generaciones anteriores sobre la relación con la comida.
"La historia con la comida tiene una historia antes de nuestra concepción. ¿Qué comía mi abuela, qué comían mis antepasados?. Tienen una impronta en mí", apuntó Rua.
Desde esta mirada, no solo interviene la herencia genética sino también la forma en que las generaciones anteriores vivieron determinadas experiencias. "No somos esclavos de nuestros genes. Hay algo más allá, como un hilo invisible que viene de generaciones anteriores y que con solo verlo lo podemos sanar".
Alimentación, vínculo y cuidado
La especialista destaca que el primer contacto con el alimento está profundamente ligado al vínculo afectivo.
"La comida es la vida. No podemos vivir sin comida. La vida y la mamá van de la mano. El primer vínculo cuando nacemos es la teta materna y ahí encontramos el alimento, el abrazo, el calorcito, la mirada, la conexión".
Por eso considera que la alimentación trasciende el aspecto biológico y se vincula con experiencias de cuidado, protección y pertenencia.
"A vos no te pasa que ciertos sabores, aromas o texturas te hacen pensar en tu abuela, en tu casa o en la infancia. Cuando uno empieza a conectar con lo que realmente nos nutre, puede hacer una conexión con la vida y con el cuidarse desde la salud".
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Un proceso que requiere tiempo
Frente a las promesas de resultados rápidos que abundan en redes sociales, la profesional remarcó la importancia de respetar los tiempos individuales.
"Todo esto no entra en un plato, todo esto no entra en una balanza. Todo lo que estamos hablando no se pesa. Muchas cosas no se miden ni siquiera en un laboratorio ni en una radiografía".
También sugirió revisar la relación que cada persona mantiene con su propia imagen corporal. "Empezar a escuchar qué le decimos a nuestro espejo todas las mañanas. Si empezas con 'esto no me gusta', 'esto hay que taparlo', a ver, estás linda, estás lindo, tenes este cuerpo, valoralo, agradecé".
Una invitación a mirar la alimentación desde una perspectiva más amplia, donde el cuerpo, las emociones, la historia y los vínculos forman parte de una misma trama.
A Silvia Rua la pueden encontrar en Instagram como: @silvia.rua.nutrisistemica