Amorfar: de las grandes cocinas de Capital a cumplir un sueño en Tandil con un menú de productos locales
Matías y Maca están al frente de Amorfar. Cumplir un sueño, crear un restaurante.
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Después de foguearse en cocinas de renombre en Capital Federal, trabajar con reconocidos chefs y hasta de ser parte del armado de grandes cadenas gastronómicas, Matías y Macarena tomaron una decisión: volver a Tandil y crear su propio lugar. Así nació Amorfar, el restaurante de calle 14 de Julio al 500 en el que, paso a paso y a su tiempo, vuelcan toda su experiencia de trabajo y pasión por la gastronomía en un menú de estación con productos locales.
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailTodo lo hacen ellos: conservas y pickles con los que presentan una versión muy particular de una picada, pastas rellenas, postres. Lo piensan, lo imaginan, lo preparan y hasta lo sirven. Pero también adaptan de acuerdo a lo que los productores de la zona les entreguen fresco. La provoleta puede salir con zanahoria grillada, pero también con “unos puerros que estaban espectaculares”, como mostraron mientras preparaban la mesa.
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En Amorfar, Matías y Maca pudieron concretar un sueño, el de tener un espacio con su propia identidad: “Desde la primera reunión, la base fue hacer algo bueno, expresarnos, atender, servir y que el que venga se vaya contento. Cambiarle la cara a la gente, generar una experiencia, y que la gente se vaya con una sonrisa porque comió rico”, definieron.
Matías nació en Tandil, estudió cocina, pero su verdadera formación la tuvo mientras trabajó tres años en Tierra de Azafranes. “Arrancás de abajo, y vas pasando etapas, escalones. Yo entré a la freidora, hice ensaladas, sándwiches, y fui creciendo”, contó sobre el lugar donde también aprendió lo que puede significar para un gastronómico una Semana Santa en la ciudad, preparando mariscos en grandes cantidades. Así llegó a ser segundo cocinero, y entonces un amigo le sugirió ir a probar suerte a Capital Federal. Era el año 2014, y hacia allí fue.
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Foguearse en Capital Federal
A los tres días de haber llegado a Capital, Matías ya tenía trabajo en una cocina. “Empecé a laburar a tope, todo el tiempo, lo más que podía, la mayor cantidad de horas posibles”, dijo sobre ese segundo momento de su experiencia como cocinero, en el que aprendió nuevas técnicas pero también conoció lo que significa “trabajar bajo mucha presión”. La constancia y el esfuerzo dieron sus frutos: pasó de ser ayudante de parrilla a jefe de cocina, y fue parte de la preparación de grandes ferias gastronómicas.
Un paso clave fue el trabajar con la chef Julieta Oriolo. “La acompañaba a todos lados, y ella empezó a crecer muchísimo con su restaurante, con su imagen, en el canal Gourmet”. Una imagen de ese momento quedó registrada en uno de los libros de Oriolo, donde se lo ve a Matías cocinando.
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Llevaba años en Capital cuando llegó otra propuesta: asumir la gerencia de locales de la cadena Fabric. De los fuegos, Matías dio un salto a la parte operativa, y aprendió “la cocina de las cocinas”. Estuvo en la operación de siete locales de sushi, y la marca lo llevó también a abrir un restaurante en Punta del Este.
Fue trabajando en Fabric donde Matías y Maca se conocieron. Ella llevaba 10 años en gastronomía, y aunque siempre estuvo vinculada a la cocina, más allá de su pasión personal siempre lo hizo desde el sector de la administración.
A ambos les pasaba lo mismo: les gustaba su trabajo pero sentían que ya habían aprendido mucho, y que llevaban un ritmo de vida demasiado intenso. “Siempre estuve muy agradecida, pero en ese momento pensábamos qué hacer, y dijimos que estábamos para hacer algo propio”, dijo Maca. De esa idea surgió Amorfar.
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El sueño se acercó
Empezaron a viajar a Tandil y a notar que la ciudad estaba cambiando. Hubo aspectos personales que empujaron la decisión, y a fines de 2024 ya habían conseguido un lugar para alquilar, la casa de calle 14 de Julio al 500. “El sueño de poner el restaurante se nos acercó demasiado”, recordaron.
En febrero del 2025 abrieron por primera vez las puertas de Amorfar. La primera marca de identidad fue la mesa compartida. “Nos pareció interesante que gente de distintos lugares venga, se siente en esta mesa y disfrute la misma comida de todos”, dijeron.
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La segunda fue la propuesta de un menú por pasos: “Todas las semanas cambiábamos el menú. Lo hicimos por ocho meses, cinco platos diferentes cada vez. Sacamos la cuenta, fue algo así como 300 platos”. Si bien venían del ritmo de Capital Federal, emprender en la ciudad también tuvo lo suyo. “El martes comprábamos, producíamos, y jueves, viernes y sábados servíamos”, contaron.
Con productos locales
No fue fácil, ni las cosas se dieron rápido, pero siguieron. En ese camino, abrir Amorfar supuso también conocer Tandil y a los productores locales. “A mí eso me voló la cabeza”, expresó Maca. “Yo venía de la parte de compras, me peleaba con todo el mundo, había reclamos y acá dije ‘wow’”. Lo que la sorprendió fue el trato directo con productores de materia prima de primera calidad.
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Ese conocimiento y esos vínculos –su amigo Tomás Bidauri los acompañó en el proceso-, les permitieron dar el siguiente paso: priorizar el trabajo con productos de la zona y crear una carta de temporada. “La idea es siempre respetar el producto que entra y tratar de ofrecerlo en su mejor versión”, definieron.
“Hoy llegaron unas batatitas y las hice en almíbar”, mostró Matías mientras servía en un plato con queso brie. Además de quesos y verduras, siguen incorporando muchos productos con sello local. “Ahora trabajamos con un pollo que lo tiramos a la plancha y no se achica. También con un campo que nos provee corderos y huevos con los que la pasta queda espectacular”, puso como ejemplo.
En un proceso de búsqueda constante de identidad, el proyecto de Matías y Maca es del seguir. “A diferencia de otras experiencias, acá no vemos un techo. Es distinto a trabajar para alguien y entender dónde estás en una pirámide. Acá no vemos el techo. Nos levantamos y nos acostamos todos los días pensando en esto”, aseguraron.
En Amorfar, Matías está en la cocina mientras Maca ayuda con los platos y se encarga del servicio. De a poco, como en cada paso que dieron, proyectan abrir el patio para el verano próximo. Para ambos, la gastronomía es trabajo, pero también es su vida, es familia, es reunión y es encuentro. “Es algo que defendemos, y el que lo siente desde una forma pasional lo defiende y trata de que crezca”, concluyeron.
Redactor El Eco de Tandil